Sunday, January 23, 2011

Jazz en dos ruedas para tribus ciclistas


Cada vez que me preguntan cómo o por qué se me ocurrió hacer un libro así, contesto al mejor estilo de los músicos de jazz o de los ciclistas: con algo que improviso en ese momento.

La verdadera historia fue y sigue siendo impredecible, como un jazz con su gran solo de trompeta o de saxofón, por lo que he tenido que dar explicaciones de todo tipo. Lo único cierto no lo he dicho todavía y me dispongo a revelarlo: esto empezó como una idea de hacer escultura con chatarra de bicis.
En diversas ocasiones he comentado que la música y las bicicletas van del pedal y del manubrio. Creo en esto porque la música es movimiento: basta que empiece a sonar para que sus vibraciones muevan al cuerpo, al espíritu y al mundo. Incluso la estructura de la música clásica se organiza así, en “movimientos”. Por su parte, la bicicleta es una máquina de propulsión humana cuya única condición para mantenerse en equilibrio es permanecer, precisamente, en movimiento. Así tenemos que la música y las bicicletas están unidas por esta condición de la física que bien podría ser una canción.
Si se observa el movimiento de una bicicleta, va de un lado a otro pero mantiene una dirección, parece una canción de jazz. La misma palabra jazz tiene dos letras que se deslizan como las ruedas de la bicicleta. Pues ese movimiento de la bici es lo más parecido al vuelo de una mariposa, diría Oscar Patsí en su libro La Revolución de las Mariposas. El movimiento de la bici es un bello y sensual zig-zag, impredecible como la historia de este libro:

Un sábado del 2000 estaba en el taller Velo Sport, en el corazón de mi ciudad natal Satélite, donde Daniel, el mecánico, ajustaba las velocidades de la bici con su llave allen y su oído. Al verlo maniobrar imaginé que afinaba un instrumento musical antes de que yo saliera a dar un concierto. Sí, para pedalear se necesita ritmo, melodía y armonía que sólo se consiguen con la práctica. Ya sea solista, con el grupo o con la orquesta sinfónica, el piano, la guitarra y la bicicleta deben estar afinados. Pues aquella mañana salí y di un conciertazo en la calles, entonces tuve la inquietud de hacer algo más con las bicis que montarlas y pedalearlas, como Daniel el mecánico.
Desde niño me han gustado las artes plásticas y tuve la oportunidad de estudiar tres años con el maestro Rafael Sánchez de Icaza. Al pasar el tiempo dejé la pintura por la escritura, sin embargo, gracias a esta inquietud bicicletera, también nació en mí una pretensión de hacer arte y se me ocurrió, según yo, la brillante idea de crear esculturas con chatarra de bicicletas. Poco después descubrí la Rueda de Bicicleta de Marcel Duchamp, la Cabeza de Toro de Pablo Picasso y las Cuatro Bicis de Gabriel Orozco. Inspirado por semejantes artistas, llené mi patio con desechos de bicis, hice bocetos y pre armé piezas. Pero técnicamente no sabía cosa alguna. Necesitaba soldadura autógena y, además, no podría unir por este proceso metales como el acero y el aluminio. Logré hacer algunas réplicas de las esculturas mencionadas, alguna que otra cosa pequeña de escritorio, pero nada más. Cierto día me tuve que mudar a un departamento y no pude cargar con mi chatarra, así que abandoné la idea de ser escultor y me alejé cual ciclista en el horizonte.
Al girar la rueda del tiempo mi mente se movió. En esos días viajé mucho por motivos de trabajo y personales, entonces descubrí la auténtica cultura de la bicicleta y los libros sobre bicis que se publican por allá, una bibliografía fantástica de la que carecemos por acá. Entonces tuve la segunda gran idea: el proyecto de las bicis se convirtió en un libro de fotografía muy artístico, en el que pretendía retratar a diversos personajes urbanos con sus bicicletas para rendirle un tributo a los oficios bicicleteros que han forjado a este país. Ahí nació el concepto y el título del libro: Las Bicicletas y sus Dueños.
Todo iba “bien”, pero a pesar de las clases y cursos de fotografía en la universidad, resulté malo para tomar fotografías, el resultado no me gustaba. Era un fracaso como escultor y fotógrafo. Tuve que dar semejantes vueltas creativas para llegar al mismo punto de partida. Rayos, y no precisamente de bicicleta. Siendo redactor en agencias de publicidad y periodista en medios impresos y electrónicos, ¿por qué no escribir un libro sobre la bicicleta y tratar de expresar su trascendencia y significado? Aquí se cruzaron mis dos pasiones, las bicicletas y las letras, cuyo resultado fueron las biciletras. No deseaba hacer un libro lineal, quise que fuera un rol en rila suave y agradable, como un paseo en bici al atardecer.
Una tarde de 2002 leí una entrevista que le hicieron a Albert Einstein. En ella le preguntaban cómo había llegado a la ecuación Energía es igual a la masa de un objeto por el cuadrado de la velocidad de la luz (E=MC2), a lo que él respondió que se le había ocurrido mientras daba una vuelta en bicicleta. La entrevista era ilustrada con la fotografía de Einstein pedaleando, en cuya cabeza anotaban su principio universal: “La vida es como un paseo en bicicleta, para estar en equilibrio es necesario mantenerse en movimiento”. Al ver la imagen del genio divirtiéndose como niño, reconocí la bici que montaba, era una Schwinn Crucero B10E con llantas que tenían cámara de aire Dunlop y cara blanca. Había leído algo sobre esa bici y vi algunas fotografías en aquellos libros que conseguí durante los viajes.
Todo se acomodó en mi cabeza. Einstein era el primero del pelotón, seguramente había más. Y así fue, empecé a cazar personajes y bicicletas. En 2002 me senté escribir los primeros textos que publiqué en Milenio Diario. Fueron seis años de investigar vidas, obras y bicicletas de todas las épocas y todos los campos del acontecer humano: políticos, científicos, ciclistas, escritores, músicos, cineastas, revolucionarios, estrellas, líderes espirituales, locos de la bici. ¿Quién era el personaje, cuál había sido su idea y aportación, y qué bicicleta usaba?

Sobre la marcha consulté e investigué en diversas fuentes y siempre me encontré con esta laguna seca de la historia de la bicicleta en México. Descubrí que no existe un libro hecho aquí que documente la historia general de la bicicleta, como tampoco se conoce el registro histórico de su llegada a nuestro país, el desarrollo y la importancia que ha tenido como una pieza fundamental de nuestro desarrollo. Con mucho trabajo logré armar las historias de las tres marcas nacionales más importantes en la actualidad: Alubike, Benotto y Turbo. México es un país bicicletero en toda la extensión de la palabra, ¿por qué su cultura ciclista es tan raquítica? Sabemos que las primeras bicis en la Ciudad de México aparecieron alrededor de 1900, llegaron de París y Nueva York como el entretenimiento de moda entre la alta sociedad que importaba el estilo europeo. Se popularizó en todo el país durante las primeras cuatro décadas del siglo pasado, sustituyendo al caballo, al burro y a la mula como medios de transporte y de trabajo. Moverse en bici era más barato porque no necesitaba de cuidados ni alimentación como tampoco necesita combustible ni mantenimiento de motor. Con el paso de las décadas, la bicicleta se convirtió en un vehículo esencial en el panorama urbano y rural de México debido a su gran versatilidad y su belleza funcional.
En 2008 tuve el material suficiente para armar el libro. Siempre lo consideré un libro conceptual, para pasear en bici, por eso cada capítulo se convirtió en una pieza del equilibro. Publicarlo fue otro rol. Tuve encuentros y desencuentros con editoriales de todo tipo. Al final tomé la decisión de crear una y publicarlo por mi cuenta, tal y como lo había imaginado y concebido con la diseñadora e ilustradora Maru Sandoval. Fue como armar una bici de palabras e ilustraciones para que el lector pudiera pasear por sus páginas. Un libro para que cualquier persona se entretenga y encuentre algo interesante, especialmente las tribus del universo ciclista.
Tú nómbralos: pista, ruta, turismo, urbano, fixed, montaña, trial, downhill, agressive, freeride, lowride, ecoride, BMX, freestyle, flatland, los solistas, ocasionales, domingueros, ciclomensajeros y los millones que no se consideran ciclistas urbanos o rurales ni se preocupan por crear conciencia ni mucho menos usar un casco o ropa reflejante: repartidores, jardineros, carteros, panaderos, herreros, afiladores, lecheros, plomeros, policías, zapateros, tamaleros, ropavejeros, cerrajeros, bicitaxis, palecletos, publiclistas, coleccionistas, dueños de tiendas y talleres. Todos tienen en común dos ruedas, equilibrio y libertad. Un invento tan sencillo y perfecto, con tantas aplicaciones que mejoran la vida de las personas, no puede ser menos que genial. Y eso es motivo suficiente para escribirle un libro antes de escapar de este mundo en bicicleta improvisando un jazz dedicado a las tribus ciclistas.
*Texto jazzeado en las Charlas en Bicla, organizadas por Puebicla, con fondo musical de Louis Armstrong, Duke Ellington, Benny Goodman, Count Basie, Billie Holiday, Dizzy Gillespie, Thelonious Monk, Sara Vaughan, Dave Brubeck, Miles Davis y John Coltrane. Aquí con los ciclistas y una www.bamboocycles.com

1 comment:

Ben said...

I love the jazz+bike combination!